Archivo de la categoría: Temas que nutren

NUEVAS FECHAS

¡INICIAMOS GRUPOS NUEVOS!

PRESENCIAL

LUNES DE 10 A 12 HRS   (inicia 19 de Junio)

MIERCOLES DE 19 A 21 HRS   (inicia 14 de Junio)

Costo: $1800 al mes

Duración 5 meses

ONLINE

LUNES DE 19 A 20 HRS     (inicia 12 de junio)

Costo : $900 al mes

Duración 12 meses

Informes en aestevita@hotmail.com

WhatsApp   5532381755

 

Testimonio – Patty

¿CREÉS QUE NO SE PUEDE?… TE COMPARTO

¡UNA DE TANTAS HISTORIAS DE ÉXITO!

Recuerdo el primer día en que asistí al Diplomado “Comiéndome mis Emociones”. De inicio, Adriana nos hizo varias preguntas, entre ellas: “¿Por qué están aquí?”. Y bueno,  leyendo mis apuntes encontré la respuesta que a bote pronto escribí ese 1° de octubre:

“Estoy aquí en completa aceptación a mi problema frente al espejo. Buscando una nueva oportunidad que mitigue el dolor que me ha acompañado prácticamente toda la vida y que se reduce a una lucha sin fin:

Quiero dejar de ser gorda, pero no puedo…

Quiero quererme, pero no sé cómo…

Quiero la plenitud, y no sé dónde está…”

 

Desde que tenía nueve años comencé con sobrepeso, y por supuesto, crecí con una serie de ideas torcidas con respecto a mi autoimagen y mi autoestima.

Probé de todo, me privé, me saturé, me olvidé y puse en riesgo mi salud infinidad de veces, buscando en el “afuera” la solución a mi gordura. Subía y bajaba de peso sin encontrar una satisfacción real, de tal suerte que el círculo vicioso del atracón y la culpa era parte de mi cotidiano.

A mis 33 me convierto en madre, y después de dar a luz llegué a pesar más de la centena de kilos. Eso fue devastador. Sin embargo, esa sombra que me nublaba era proyectada por un poquitito de la luz interna que todavía podía emitir su calor y que me accionó a buscar otras opciones para trabajar mi nueva categoría de obesa.

Una voz dentro de mí decía: “no busques en el afuera, busca en el adentro… ¿por qué quieres llenar con comida tus huecos afectivos?…”. Pero seguía sin saber dónde buscar la opción precisa.

No cabe duda que cuando lo deseas de corazón, las cosas se acomodan. Mi esposo, quien siempre ha acompañado mis procesos, me compartió un podcast de un tema que había escuchado con Martha Debayle y su invitada Adriana Esteva, y mientras lo escuchaba, sabía que eso era justo lo que yo estaba buscando.

En ese Diplomado hallé mi luz perdida. Entendí que el vínculo malsano con los carbohidratos y los excesos no eran más que el salvavidas que en su momento me rescató del dolor provocado por el abandono, apoyado por un sistema de creencias que amortiguaron el golpe.

El acompañamiento respetuoso, delicado y amoroso de Adriana en múltiples actividades y experiencias dirigidas en el trabajo grupal e individual fueron la clave en mi despertar. Cada sesión era una nueva oportunidad de descubrir cómo mi forma de comer alimentaba sentimientos prohibidos.

Fueron muchos los aprendizajes, técnicas, estrategias… pero en definitiva el haber aprendido a habitarme, a diferenciar del hambre física de la emocional, a retar mis creencias, a hacerme cargo de mí, a ser adulto, a perdonarme, a ver la compulsión de una manera sanadora, a asumirme, a responsabilizarme de mis actos y no delegarle la magia a la dieta o a la pastilla… fueron la clave para modificar mi relación con la comida.

Hoy, tras un poco más de un año de haber terminado el Diplomado, mi cuerpo ha cambiado. He reducido veintitantos kilos y veo las huellas de la obesidad en mi cuerpo con absoluto amor y veneración.

Los kilos perdidos no han sido el logro, el verdadero logro inició al darme la oportunidad de intentar algo nuevo, un viaje al interior, sin dietas y recobrando el amor a mí misma.

Sigo aprendiendo a encarar los miedos y a no desperdiciar el tiempo sin hacerme cargo de mí y de mis elecciones. Eso no significa que no me sigo cayendo, pero aprendí a sobarme y a continuar sin culpa.

Así, si hoy pudiera abrazar a Patty un año atrás cuando respondió aquella pregunta al iniciar el Diplomado, sin duda le diría:

“Sí puedes, cree en tu fortaleza y utilízala para tomar decisiones acertadas.

Siempre te has amado, por eso te protegiste comiendo. Hoy ese mecanismo es obsoleto, hoy el amor a ti es un amor responsable.

No busques la plenitud, ha sido tuya y habita en ti.”

Gracias Adriana por irradiar tu luz y nutrir la mía.

Patty García Acosta.

Febrero 2016.

Testimonio – Lilia

Bienvenida Lilia, estás de vuelta.

Me paré frente a los muebles de ropa que llamó mi atención. Sabía que una o dos blusas no me vendrían mal. Colores variados, también pantalones y vestidos colgados junto a trajes de baño. Hacía mucho que no me detenía sin prisa para escoger algo especial para mí. Comencé a buscar tallas y como en toda tienda, las grandes están al final o son las de abajo, de picada un clavado me llevó hasta allá.

Una sensación distinta se apropió de mí ser al ver los tamaños que antes habité. Mi conciencia me trajo al presente y con mucho miedo distinguí entre grande y mediana, mediana y pequeña. Mi incredulidad me hizo solicitar la ayuda de una chica de la tienda:

  • Señorita, ¿usted cree que esta falda me quede? ¿Combinará con esta blusa?

Pregunté con cierta desconfianza

  • No creo necesario que se la pruebe, es evidente que le queda. Su talla es la pequeña señora. ¿Puedo ayudarle en algo más?- concluyó amablemente.

Me dieron ganas de contestarle que sí, que por favor me ayudara a notificar en el espejo que esa era yo, parada ahí como hacía muchos años no me veía.

Si Dios me hablara seguro que lo haría acerca de mi temor a encontrarme de nuevo, a sentirme nuevamente “yo”.

Y es que este viaje comenzó hace unos meses, cuando motivada por el deseo de encontrar respuestas para mis coachees y apoyar a mis hermanas en el tema de sobrepeso, decidí participar en el diplomado de Adri Esteva “comiéndome mis emociones”. Recuerdo perfecto la primera clase en la que muy firmemente Adri aclaró que no se trataba de un curso para bajar de peso. Fue grande mi sorpresa pero mi prudencia no me dejó preguntarle ¿y entonces qué crees que hago aquí? y abandonar en ese momento el lugar.

Hoy bendigo mi prudencia porque quedarme fue lo mejor que me pudo pasar. Inicié un viaje precisamente hacia a mí y en ese proceso de reconstrucción de los hechos y el recuento de los daños, también decidí quedarme conmigo.

Entre clase y clase, se asomaron mil confesiones de compañeras del “mismo dolor”, de la misma forma que anécdotas del pasado y ejercicios de meditación me catapultaron a mi infancia. Durante estos meses recorrí como peregrina mi vida pasada hasta llegar a la actual, palpando en cada estación los dolores, alegrías, enojos y miedos que han vivido allí.

Hoy también sé que no se trata de ti, de los demás, ni de ellos, se trata de mí, de lo que habita en mí ser y que da luz a lo que soy. Dejar los impulsos, las obsesiones y resistencias es cosa difícil si no enciendes la luz. Adriana Esteva me ha ayudado a encenderla para desearme quedar y habitar a la Lilia que soy, a esa que deseo ser.

Mucho alivio y tranquilidad han sido bienvenidos a mi vida, varios kilos también se han despedido, eso sí, reverencia y honra les he manifestado como muestra de mi reconocimiento por estos años de acompañamiento en los que me fortalecieron para enfrentar lo que tocaba vivir.

Afirmo que el tiempo está al amparo de Dios y por eso es perfecto; alivio encuentro en el alma porque ni antes ni después pudo ser el mejor momento para decir adiós con amor a las ataduras del miedo y la angustia, dando cabida no solo en mi cuerpo sino en el alma, a la bendición más grande que es habitarme.

Gracias querida Adriana por compartir una fuente de energía y amor incondicional hacia una misma y acercarnos a ver la vida con los ojos del alma.

Testimonio – Fabiola

Adri,

 

Hoy estoy convencida de que haber tomado el diplomado “Comiéndome mis emociones” fue mi mejor decisión e inversión para mi bienestar emocional.

A sólo 1 mes de haber concluido las 6 sesiones en las que una a una salí llena de aprendizaje y entendimiento de lo que pasaba en mí a nivel cuerpo pero más importante en cuanto a mis sentimientos y emociones, hoy, te puedo decir muy contenta que ya empecé a ordenar mi vida en todos sentidos, me siento muy feliz y más plena, mucho más de lo que yo creía sentir al inicio del diplomado, me siento segura de mí misma, mi autoestima la he recuperado en un grado muy importante y estoy aprendiendo a comer, escuchar y cuidar mi cuerpo y sobretodo perder la adicción a los postres y al chocolate, incluso ya estoy pensando en la posibilidad de encontrar una pareja, cosa que no pensaba fuera posible hasta hace muy poco tiempo.

Gracias por toda tu ayuda en este camino de conocerme y quererme mucho más.

Hoy agradezco a la vida todo lo que me ha pasado, lo bueno y lo malo, pero más aún haber podido conocerte y disfrutar, aprender, llorar, conocer gente extraordinaria y vivir lo que viví en 36 horas que duró el diplomado.

Un abrazo enorme y sincero,

Fabiola

Testimonio Eloisa

 

Querida Adriana

¿Cómo estás?

Te escribo para comentarte como ha sido mi proceso desde el mes de junio que terminé el diplomado contigo.

Ha sido sumamente interesante y gratificante, primero que nada te comento mis logros he bajado 13 kilos a la fecha, desde esa último sábado que estuvimos juntas ya había empezado a poner más atención en lo que comía, después decidí si hacer dieta más por un componente de disciplina que por privación de algún alimento. Las primeras semanas si hubo privación pero después empecé a incluir cosas que me gustaban tratando de no darle valor al alimento.

También detecte mis momentos de ansiedad, de frustración y como en lo primero que pensaba era en algo que pudiera comer, como me metía a la cocina a escondidas incluso de mi hija que apenas tiene un año para buscar algo que me calmara el sentimiento que estaba llegando. Poco a poco estos momentos son más conscientes y en consciencia decido respirar y no entrar a la cocina y vivir el momento.

Que ha traído de positivo en mi comportamiento, creo que el mayor logro es poner límites sobre todo con mi marido, pude explicar asertivamente como me afecta su agresividad y como estas situaciones me sacan de mi centro por muchos días, le dije que sus agresión pasiva, su falta de comunicación y sus los llamaré “berrinches” son como si me golpeara físicamente y me tengo que ir a un hospital por lo menos una semana para recuperarme, que emocionalmente es tan fuerte y tan atemorizantes que no puedo estar como si no pasara nada.

Hablé de un problema que tuvimos hace 2 años durante nuestro viaje a Europa, él nunca me ofreció una disculpa y que había sido muy fuerte que algo se rompió dentro de mí en ese viaje, es realmente un tema muy largo pero después de 2 largos años, un embarazo y nacimiento de mi hija lo traje cargando sin poderme dejar disfrutar los momentos que estaba viviendo. Pude decir mis sentimientos reales y fui comprendida, eso fue muy liberador.

En lo cotidiano hablo con el más oportunamente y sin el miedo a que se enoje,  he puesto límites y marcado reglas de convivencia. Claro que no es tema resuelto pero creo que es un buen inicio.

Hoy por hoy uso toda la ropa que había comprado con la ilusión de volver a ser flaca, eso me tiene muy contenta, sin embargo tengo un miedo paralizante, no he podido llevar a arreglar nada de la ropa que ya no puedo usar, si existe una voz que dice “tú sabes que la vas a volver a necesitar, no arregles nada”

Quiero agradecerte por ser parte de este proceso, aunque en el principio pensé por toda mi formación y en la que llevé mi proceso que faltaba llegar más profundo en las emociones, algo paso, algo muy mágico, estoy obteniendo los resultados que por mucho tiempo me esforzaba en vano por conseguir.

Sutilmente sembraste una semilla de cambio, escucho tu voz constantemente sobre todo cuando como de prisas o no pongo la mesa para mí ahí estas tú para recordarme que también soy importante para mí. Cuando siento este miedo y me recuerdas que no soy un producto terminado y que es un trabajo de estar conmigo todos los días, es un camino largo pero tengo más herramientas y ganas de transitarlo de una manera diferente.

Muchas, muchas gracias con el corazón te digo que eres parte de mi crecimiento y eso no se paga en esta vida.

Sigue con tu misión de vida que haces la diferencia en la vida de las personas que tocas con tu amor.

Que Dios te bendiga y acompañe siempre porque es a través de ti que Él nos habla.

Con todo mi cariño y agradecimiento.

Eloísa.

Rechazo lleva a rechazo… Amor lleva a Amor

Considero vital la aceptación del cuerpo y lo que este representa.
El rechazo en cualquiera de sus formas genera una sobrecarga de energía que requiere en muchas ocasiones descargarse a través de una enfermedad, esperando con esto que nos volteemos a ver. Es decir la parte que se afecta generalmente representa un aspecto de nosotros que requiere ser atendido, aceptado, cuidado, aprovechado y amado.
Aprendimos a rechazar tal vez porque nos dieron el ejemplo de hacerlo con frases como: “este cochino cuerpo nada más me causa dolor”, “Con estas nalgas nadie me va a querer” “Por que no fui delgada” “Odio mis brazos” También es posible que viéramos como nuestras figuras de autoridad se descuidaban, incluso también es probable que por alguna experiencia, aprendiéramos que el cuerpo provoca conflictos: “Mírate nada mas, con ese cuerpo solo haces que los hombres te falten al respeto” “Para que estas tan buena” “Eres tan torpe que haces que toda la familia se atrase”.

 

Otro punto importantísimo a reflexionar es que cuando rechazamos al cuerpo, en realidad estamos rechazando a algo mas profundo de nosotros, ya que en el cuerpo están contenidas memorias, deseos, programaciones, heridas, miedos y es muy probable que lo que rechacemos a lo mejor sea el recuerdo de un abuso, o al enojo no expresado, a las ganas de mostrarnos, a la vulnerabilidad que en algún momento pensamos que nos dañó, a recuerdos dolorosos, a las quejas sobre ser quienes somos, etc.

 

Tantas enfermedades a tan tempranas edades, me hace pensar que nuestros cuerpos están manifestando cada vez mas que por favor dejemos de exigirles que se vean de tal o cual forma para agradar o encajar, que dejemos de condicionar el amor a un determinado estilo, que dejemos de forzarlo a “comer lo que se debe”, a matarlo de hambre o a llenarlo de comida que no necesita, que dejemos de dañarlo con ropas apretadas y zapatos incómodos, que dejemos de operarlo, tatuarlo, inyectarlo, torturarlo con masajes reductivos, atacándolo con alcohol para sedarlo en lugar de enfrentar lo que nos toca, juzgándolo por no verse igual al de una revista, privándolo de descanso, de caricias, de aire fresco…

 

Creo que nuestros cuerpos nos están gritando que dejemos el rencor, que acepemos la circunstancias de la vida, que dejemos de pretender ser lo que no somos, que dejemos de aparentar, que nos mostremos sin temor, que dejemos de controlar, que dejemos de juzgar, que vivamos con menos cosas y disfrutemos con mas ganas, que bajemos las exigencias, que amemos las diferencias.

 

Yo hoy decido dejar de exigirle a mi cuerpo que cambie para comenzar a tomarlo, apreciarlo, cuidarlo y apapacharlo como el gran regalo, maestro, compañero, guerrero y perfecto que es.

De Luz y de Sombra

Procuro todas las mañanas ir a caminar a uno de los pocos bosques que quedan en la Ciudad de México.  Antes me desesperaba mucho porque yo quería correr, sin embargo dado una condición médica, no puedo hacerlo así es que venciendo mi inercia de hacer las cosas rápido y confrontando una fuerte creencia que me gritaba: ¡SI NO CORRES NO SIRVE DE NADA! , comencé a encontrar  en el simple hecho de caminar un enorme placer.  Aprovecho para poner en práctica varios de los conceptos que predico y uno de ellos es el de habitarme e ir haciendo presencia durante mi caminata. Uno de los tramos que recorro, incluye una pendiente bastante pronunciada y las primeras veces que emprendí  la subida acababa sin aire, agotada y todo el trayecto iba peleándome con la incomodidad que experimentaba, sumado a el terror que ejercía mi mente sobre mi con la cantidad de barbaridades  que me decía. Hasta que un día probé ir describiendo cada cosa que le ocurría a mi cuerpo durante el proceso: Mi pierna izquierda comienza a endurecerse,  mi espalda baja se siente presionada, mi cuello esta tenso, el estómago se está apretando, mi pie derecho se siente pesado, el izquierdo comienza a sentir mucha presión, mi respiración se está agitando, el pecho se infla… ¡Y pasa algo maravilloso! ¡Mi cuerpo comienza a funcionar mejor y más relajado, es como si el hecho de sentirse acompañado, no juzgado y comprendido le inyecte fuerza! Cuando menos pienso, ya estoy hasta arriba. ¡Mi cuerpo colabora si yo colaboro!
Esto es lo mismo que invito a las participantes de mis talleres a hacer constantemente, a observarse sin juicios, solo observando lo que ya ocurre, no lo que debiera o no ocurrir.

 

Gastamos una cantidad enorme de energía intentando que las cosas que ya están ocurriendo o que ya ocurrieron sean diferentes a lo que ya son.

 

Escuchamos la mayoría frases como: “Si tan solo fueras más… inteligente, alta, guapo, simpático, emprendedor”,  “¿Por qué no eres como tu hermana?”,  “No seas tan llorona”, “Tu siempre con tus sentimentalismos”, “Esa forma tuya de ser no te va a ayudar en la vida”, “Debes ser más fuerte”, etc., etc., etc.

 

¿El mensaje? ¡Ser como eres no está bien! Esa es una de las grandes razones por las cuáles intentamos a como dé lugar cambiar. La primera opción que se nos viene y que el medio claramente refuerza es la de cambiar el exterior.  Después y si nos da la iluminación, intentamos cambiar lo de adentro.

 

Yo te invito más bien a transformar, es decir a darte cuenta de lo que hay y desde esa base, potencializarlo, aprovecharlo, minimizarlo o lo que resulte más conveniente para ti.
Cuando hay sombras en nuestra vida es porque hay una fuente de luz que al encontrarse con un objeto (llámese persona, animal o cosa) e iluminarlo desde alguno de sus lados,  causa ese efecto. Ocurre cuando la fuente de luz ilumina una parte lo cual provoca una sombra en otra de las partes

 

¿Cuál es la única situación en la que la Luz del sol no provoca sombras? Cuando está en su punto más alto y sus rayos caen derechito sobre algo o alguien. No de lado, no únicamente  iluminando una parte, si no el todo. Como cuando por ejemplo nos colocamos justo debajo de un foco.

 

¿Sabes cuando ocurre este fenómeno sobre nosotros?  Cuando nos quedamos en nuestro centro, aceptamos lo que ocurre y contactamos con esa LUZ que da la presencia, con esa paz de simplemente aceptar, cuando nos alineamos con todo lo que somos, sin que queden partes sin iluminar ni sombras que negar.  Cuando dejamos de huir, de criticar, de justificar y de juzgar.

 

Cuando eso ocurre, aun por fracciones de segundo, todo nuestro ser se ilumina y nos impregnamos de una fuerza a veces indescriptible. Son esos momentos que nos quitan el aliento, como cuando la belleza de un atardecer no necesita explicarse y solo nos regala lo que ES.
Sé que es más sencillo narrarlo que lograrlo, sin embargo te invito a que lo pruebes; en este momento que me estás leyendo haz una pausa para simplemente SER, sin pensar, sin pretender, sin moverte, solo conecta con lo que ocurre y realiza qué es lo que ocurre ahorita es lo único que puede estar ocurriendo, ya que de lo contrario no sería así. Siente la paz de no tener que sentir nada diferente a lo que estás sintiendo, ni pensar nada diferente a lo que estás siendo, ni ser nadie diferente a quien eres.

 

Inhala profundo y exhala HABITANDOTE, con todas tus luces, tus sombras, desnudándote ante la honestidad del momento, esa honestidad y de cierto modo, esa desfachatez con que la vida nos dice; ¡AQUÍ ESTOY, ESTES LISTO O NO!